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Terra
La Coctelera

Salvajemente, Almudena Guzmán.

Almudena tiene una poesía muy personal: ligera, sensual, chispeante, cálida... Su libro "Usted" relato de una relación que ves avanzar en cada poema, es una delicia desde la primera a la última página.
Sirva de ejemplo:

Ahora,
ahora que nos pitan envidiosos los cláxones de atrás
porque no paramos de besarnos en el cruce,
es cuando le tengo verdadero miedo
y me planteo si no será mejor
-aún estás a tiempo-
huir de sus ojos como quien huye del atasco,
poque usted me vuelve loca,
y vamos a caer en lo de siempre,
y yo no quería tal vez que esto que está pasando
pasara nunca.

...

Presos los dos de aquel imposible decoro
adolescente
ni yo me sonrojé ni usted tampoco hizo nada por llamarme
al orden
cuando después de las risas y las aceitunas rellenas,
habiéndonos lubricado previamente el oido
con una minuciosa lista de vicios sexuales,
fuimos al amor como quien va al estanco de los primeros
cigarrillos.

Salvajemente, Francisco Brines

De los pocos poetas vivos que merecen el nombre de clásicos uno de ellos es Francisco Brines. Leer "Las brasas" o "El otoño de las rosas" le convierte a uno en mejor persona,`por decir algo.
El presente poema es del libro "Aún no"

¿Con quién haré el amor?

En este vaso de ginebra bebo
los tapiados minutos de la noche,
la aridez de la música, y el ácido
deseo de la carne, Sólo existe,
donde el hielo se ausenta, cristalino
licor y miedo de la soledad.
Esta noche no habrá la mercenaria
compañía, ni gestos de aparente
calor en un tibio deseo. Lejos
está mi casa hoy, llegaré a ella
en la desierta luz de madrugada,
desnudaré mi cuerpo, y en las sombras
he de yacer con el estéril tiempo.

Salvajemente, Oliverio Girondo

Hoy un especialista en fustigar al lenguaje. Oliverio Girondo, poeta sin red:

Puedes juntar las manos.

La gente dice:
polvo,
sideral,
funerario,
y se queda tranquila,
contenta,
satisfecha.

Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,
de vida enloquecida.

Ahora es cuando canta.
Ahora
y no mañana.
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado
como si no pudiera cantrar en otra parte.

¿Comprendes?
Yo tampoco.
Yo no comprendo nada.

No tan solo tus manos son un puro milagro.
Un traspiés,
un olvido,
y acaso fueras mosca,
lechuga,
cocodrilo.

Y después...
esa estrella.
No preguntes.
¡Misterio!
El silencio.
Tu pelo.

Y el fervor,
la aquiescencia
del universo entero,
para lograr tus poros,
esa ortiga,
esa piedra.

Puedes juntar las manos.
Amputarte las trenzas.

Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.

Salvajemente, Leopoldo María Panero

A contracorriente siempre, en el manicomio, atrapado en si mismo, siempre interesante. Este es un poema de uno de sus mejores libros: "Poemas del manicomio de Mondragón"

El loco mirando desde la puerta del jardín.

Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.

Salvajemente, Su Dongpo

Yo creo que escribiendo algo tan hermoso como esto, aunque haga ya más de diez siglos, uno puede morirse tranquilo.

"¿Que no escucho la lluvia en las hojas del bosque?
No importa.
Canto versos y grito mientras ando."

Salvajemente, Wislawa Szymborska

A veces uno piensa: cuanta belleza, cuanto dolor, esta es una de esas veces...

FIN Y PRINCIPIO

Después de cada guerra
alguien tiene que hacer la limpieza.
Un mínimo orden
no se hará solo.

Alguien tiene que apartar los escompros
de los caminos
para que puedan pasar
carros llenos de cadáveres.

Alguien tiene que hundirse
en el fango y en la ceniza,
en los muelles de los sofas,
en las esquirlas de vidrio
y en los trapos ensangrentados.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar la pared,
alguien debe poner cristales en las ventanas
y colocar la puerta en los goznes.

Es una labor nada fotogénica
y requiere años.
las cámaras ya se han ido
a otra guerra.

Otra vez puentes,
de nuevo estaciones.
Las mangas se deshilacharán
a fuerza de arremangarse.

Alguien, escoba en mano,
recuerda aún cómo era todo.
Alguien escucha
y asiente con la cabeza que no le arrancaron.
Pero pronto, muy cerca, empiezan a pulular
quienes lo encuentran aburrido.

Alguien todavía a veces
de debajo de una mata desentierra
argumentos oxidados
y los arroja al montón de desechos.

Quienes saben
la trama de la historia
tienen que ceder
a quienes apenas la conocen.
Y menos que apenas.
E incluso nada.

En la hierba que ha crecido
sobre causas y efectos
alguien debe tumbarse
con una espiga entre los dientes
para contemplar las nuebes.

Salvajemente, Omar Jayyam

Un par de poemas de un poeta persa del Siglo XI/XII...

1-

Oigo decir que los amantes
del vino serán condenados.
Si a quienes aman
el vino y los placeres
les espera el infierno,
vacío debe estar el paraiso.

2-

Vi ayer trabajar a un alfarero.
De su mano surgían
esbeltas jarras, hondos cántaros.
El barro que amasaba era todo
lo que resta de sultanes y mendigos.

Salvajemente, Alfred Edward Housman

Poeta menor con algunos grandes aciertos. Este es uno de ellos:

Epitafio para un ejército de mercenarios.

Estos, el día en que el cielo se derrumbaba,
cuando cedían los cimientos de la tierra,
movidos por su vocación de mercenarios
fueron en busca de su paga, y están muertos.

Gracias a sus hombros se sostuvo el cielo;
su firmeza mantuvo firme el mundo;
lo que Dios abandonó, ellos lo defendieron,
a todos nos salvaron, y sólo por la paga.